Uso indebido de medicamentos antituberculosos robados

04.05.2017

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Problemas de producto

Un medicamento antituberculoso financiado por el Fondo Mundial fue robado de la cadena nacional de suministros y revendido ilegalmente en los mercados callejeros no oficiales. El medicamento, un fuerte antibiótico, se vendía como un curalotodo para muchas dolencias. Además del perjuicio económico que esto supuso para el Fondo Mundial, planteó también una amenaza real contra la salud pública, ya que el uso indebido de los medicamentos contra la tuberculosis podría aumentar la multirresistencia de la enfermedad a los medicamentos, una condición que resulta muy difícil de tratar.

Alertada por la Secretaría, la OIG llevó a cabo una investigación que confirmó que grandes cantidades de un medicamento antituberculoso financiado por el Fondo Mundial se estaban revendiendo en mercados de todo el país. Los consumidores compraban el antibiótico al margen de un tratamiento médico prescrito y con fines distintos al tratamiento contra la tuberculosis. Por ejemplo, el medicamento se anunciaba para tratar dolencias comunes como los dolores de cabeza y las molestias estomacales, e incluso como estimulante o afrodisiaco.

La investigación de la OIG llegó a la conclusión de que el almacén médico central, responsable de la cadena nacional de suministros, era el proveedor principal del medicamento ilegal contra la tuberculosis descubierto en los mercados. El almacén médico central se encargaba de la recepción, almacenaje y suministro a los centros de salud en todo el país, incluidos los medicamentos financiados por el Fondo Mundial. La OIG revisó los registros de existencias y descubrió que el almacén médico central no podía justificar el paradero de una gran cantidad de medicamentos.

La falta de controles facilitó que se cometiera el robo, puesto que el almacén farmacéutico central no podía responder de los medicamentos contra la tuberculosis ni protegerlos de manera adecuada. Con el objetivo de prevenir que esto vuelva a ocurrir en el futuro, la OIG, conjuntamente con la Secretaría del Fondo Mundial, adoptó medidas concretas para mitigar los riesgos. El objetivo de estas acciones fueron la oferta y la demanda, con la implantación de controles más estrictos en el almacén médico central y el lanzamiento de una campaña de comunicación de salud pública sobre los peligros de consumir medicamentos sin prescripción. Estas medidas contribuyeron a reducir significativamente la disponibilidad del medicamento antituberculoso en los mercados locales de todo el país.

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